Autor Tema: Evento de Historias: Halloween  (Leído 4262 veces)

Shieru

  • [email protected]
  • Administrador del Foro
  • Spammer
  • *****
  • Mensajes: 7016
  • Karma: +1080/-30
  • Personaje: Shieru
  • Clase: Cazadora
  • Raza: Elfa de Sangre
  • Hermandad: Gods of the Abyss
Evento de Historias: Halloween
« en: 25 Noviembre, 2018, 04:40:30 »
Halloween


Caranthir era un viejo Tauren Druida, los amigos con los que solía jugar le habían abandonado
hace mucho tiempo, todos ellos habían muerto en su intento de derrotar al Rey Lich y de esa
forma conseguir remediar una inminente invasión de la plaga, no le quedaba ya nadie que le
hiciera compañía.
Cada día que pasaba la soledad le consumía por dentro más y más, cambió su forma de ver el
mundo a través de sus ojos, aquello que amaba había desaparecido justo delante de sus pies,
sentía impotencia por no haber podido salvar a aquellos que consideraba “familia”, todos los
días lamentaba el hecho de haber sido el único superviviente en aquella atroz batalla.
Viajó hasta el pueblo de Remol situado a las afueras de Entrañas para cambiar de aires y
hospedarse allí pensando que de esa forma se distraería, sin embargo, la primera noche
apenas durmió. El crujir de las ventanas y el sonido de las hojas de los árboles siendo sacudidas
por la brisa lo despertaba continuamente. Pasaron tres días más hasta que empezó a
acostumbrarse a los ruidos y descansó del tirón. Una semana después, en una noche fría, un
fuerte estruendo lo sobresaltó. Había tormenta y la ventana se había abierto de par en par por
el fuerte vendaval. Presionó el interruptor de la luz, pero no se encendió. Al ir a cerrar la
ventana que repentinamente se había abierto, divisó a lo lejos una extraña figura, parecía un
hombre ya muerto subido sobre el lomo de un caballo. En ese instante, un escalofrío le
recorrió toda la espalda, esa extraña figura lo miraba fijamente parecía prácticamente que se
burlaba del viejo tauren.
A la mañana siguiente, muerto de miedo por lo sucedido, le comentó lo que había pasado a los
lugareños que desde su llegada le habían tratado genial. Caranthir esperaba que estos
reaccionaran diciéndole que lo que había ocurrido era una tontería que seguramente se
tratara por la falta de sueño pero... no fue así, todos aquellos que escucharon al viejo tauren
pusieron cara de pánico. Tras estar un rato hablando con la gente de la zona se enteró de que
la gente del pueblo tenía miedo de una antigua leyenda que se iba pasando de generación en
generación. Se supone que cuando alguien veía la espantosa figura del jinete decapitado
significaba que algo malo iba a sucederles.
Caranthir estaba bastante confuso, no creía en esas historias pero estaba seguro de que él
había visto a ese “jinete decapitado” de la leyenda. Después de esto, noche tras noche
escuchaba una extraña voz en su cabeza que no llegaba a reconocer y que le atormentaba,
esto duró casi un año hasta que el viejo druida pudo reconocer aquello que decía la voz,
“Debes matarlos a todos al igual que ellos hicieron conmigo, tú al igual que yo estamos
destinados a la soledad”.
El siguiente amanecer fue espantoso, Caranthir había asesinado a todos los habitantes del
pueblo, niños, mujeres y hombres indefensos mientras todos dormían... se había vuelto loco.
El Staff del servidor no tardó mucho en llevarlo a la prisión de la que se decía que era
imposible huir. Estaba situada en una isla perdida entre los mares de Kalimdor y los Reinos del
este, rodeada de un acantilado, y la única manera de acceder era mediante un barco.
Una vez allí dedicó numerosos meses a estudiar y planificar su huida. Había varios MJ’s
apostados a lo largo de la muralla y la entrada principal tampoco era una opción. Además,
aunque lograse escapar, no podía salir de la isla. El único lugar posible para esconderse era un
bosquecillo cerca del muelle, en el que se encontraba el cementerio. Y en el caso de que
lograse llegar hasta él no podría sobrevivir mucho tiempo sin comida ni agua. No había
escapatoria.
Pasaron un par de años, el viejo tauren ya se había acostumbrado a la soledad de estar en una
celda, cada vez eran menos los cautivos que se encontrábamos en aquella prisión, unos
estaban allí por uso de Hack, otros por razones desconocidas y Caranthir llevaba sobre sus
hombros el asesinato de todo el pueblo de Remol, sus probabilidades cada vez disminuían más
y más. Al menos una vez al día varias personas del staff acababan con varios caudillos
matándolos de forma permanente.
Estaba pensando rendirse, hasta que un día, se le ocurrió una última idea. Cuando alguien era
sentenciado a muerte por parte de algún miembro del staff sonaba una campana desde lo alto
del edificio. Pasado un rato, aparecía el enterrador, que cubría al difunto con un saco, lo metía
en un ataúd y lo llevaba hasta el cementerio, donde lo enterraba junto con el resto de
muertos. El sonido de aquella campana era inconfundible. Desde ese día intentó ganarse la
confianza del enterrador, no fue una tarea fácil pero acabó consiguiéndolo.
El enterrador y el druida acordaron que le daría la llave de su calabozo, lo único que debía
hacer era salir de su celda cuando sonara la campana e introducirse en el saco del difunto.
Magick, el enterrador lo llevaría al cementerio, lo enterraría y de madrugada lo sacaría de la
tumba para poder escapar en el barco que traía las provisiones a aquella isla, era un plan
perfecto.
Pasó otro largo periodo de tiempo hasta que por fin se escuchó de nuevo el sonido de las
campanas. Caranthir se metió en el saco y esperó. No sé cuánto tiempo pasó hasta que por fin
sintió que lo metían en la caja y lo llevaban al pequeño bosque. Dejaron caer de golpe la caja
de madera en un profundo agujero. Al rato comenzó a escucharse como la tierra golpeaba la
superficie del ataúd. El ruido cesó. Se escuchaban unos pasos alejarse en la distancia. Pasaron
los minutos y aquella espera se hacía eterna, lo único que quería era que lo sacaran de allí.
Conforme el tiempo iba transcurriendo, la respiración se hacía más y más difícil. En un intento
de distraerse para hacer la espera más amena quiso ver la cara del difunto desafortunado que
yacía a su lado, sacó de su bolsillo un paquete de cerillas, le costó encenderlas ya que la
postura dentro del ataúd era bastante incómoda y tras acercarlas a la cara del fallecido
comprendió que había cometido un terrible error, la cara del muerto que tenía a su lado era la
de su amigo Magick, el enterrador.

Escrita por Caranthir